Parece que al final se confirma y la pretendida subida del IVA por parte del Gobierno finalmente será una realidad. En concreto, el tipo general subirá desde el 1 de julio próximo, del 16 al 18%, el reducido del 7 al 8%, mientras que el superreducido, aplicable a los bienes de primera necesidad, se mantendrá en el 4%. La verdad como todo problema complejo, y este parece que lo es, debe ser analizado desde distintos puntos de vista:
En primer lugar, no debemos pensar que la subida del tipo general es de dos puntos como se está comentando (pensando en términos absolutos), sino del 12,5% si hablamos en términos relativos (que es como creo que la debemos plantear), y esto ya suena algo peor.
En segundo lugar, es cierto que si deseamos la convergencia con los países de nuestro entorno también en materia fiscal (objetivo pretendido por los próceres de la UE), la media europea de este impuesto se encuentra en tasas superiores (entre el 19% y el 21% para el mencionado tipo general), y es lógico que se plantee un acercamiento a dicha media. Lo que ya no parece tan conveniente es hacerlo ahora, en un momento tan crítico para el consumo nacional como el que vivimos.
Por último, aceptando que la medida pudiera ser necesaria, es difícil convencer al conjunto de la ciudadanía que no podría ser acompañada y complementada, de forma pioritaria, por una reducción del gasto público, sobre todo en lo que hace referencia a las ineficiencias que existen en el conjunto de administraciones públicas, y que al final pagamos todos. En mi opinión, una gestión en este sentido nos haría más soportable a todos la carga que supone el incremento del IVA.
Lo peor de esta subida impositiva es que es una medida aislada y no se enmarca dentro de una plan serio y creíble de ajuste económico que debería estar centrado sobre todo en una reducción drástica del gasto y en una recomposición de la política fiscal, con subidas de unos impuestos, como el IVA, y bajada de otros, como el de Sociedades.
Esa es la cuestión Fernando, que la subida del IVA no se complementa con otras medidas. Además de las que apuntas se me ocurre la posibilidad de reducir las cotizaciones a la seguridad social como estímulo para dinamizar el mercado de trabajo.