Nada se puede asegurar en el plano político
ante el proceso sucesorio que la decisión del presidente del Gobierno ha
abierto, ni siquiera ante la pronta renovación de casi todos los poderes
ejecutivos, los regionales y locales en mes y medio, y el central dentro de un
año. Pero sí se puede asegurar algo relevante en el plano económico: los nuevos
gobiernos autonómicos deberán coordinar con el nacional, con el actual y con el
que se forme en 2012, más medidas de ajuste que tendrán que ir acompañadas de
nuevas reformas impulsadas por el Ejecutivo, el actual y el próximo, sea éste
del color que sea. A fin de cuentas, si España quiere seguir siendo socio de la Unión Monetaria
tiene que reducir su déficit este año en la friolera de 32.000 millones y
similar recorte queda pendiente para el año próximo. Las
etapas de cambios políticos son por lo general nocivas puesto que paralizan las
tres grandes decisiones -ahorro, inversión y consumo- que configuran toda la
actividad productiva dado que los agentes que las realizan demandan un marco
político y económico estable. A ello se une que los ajustes y reformas
pendientes requieren toma de decisiones impopulares, algo que los partidos de
todos los signos quieren evitar a toda costa en etapas electorales. Se abre por
tanto una etapa poco propicia para avanzar en los cambios que nuestra economía
requiere. Pero
el tiempo juega en contra y parece que también los últimos datos. El presidente
del Gobierno aseguró la pasada semana en el Congreso que el PIB “crecerá más”
en el primer trimestre (1,3 por ciento es la previsión oficial para todo el
año) gracias al repunte de las exportaciones y que, en consecuencia, se
reducirá el déficit público hasta el 6 por ciento tal como marca el Plan de
Estabilidad. Un día después el Banco de España desmintió en su Boletín
Económico estas previsiones. Se asegura en él que podría agudizarse la
inestabilidad en los mercados de deuda, que en consecuencia el déficit será del
6,2 por ciento y que el PIB crecerá cinco décimas menos de lo que estima el Gobierno,
es decir, un 0,8 por ciento, previsión que otros servicios de estudios rebajan
hasta el 0,6 o incluso el 0,5 por ciento. Y los datos más recientes no invitan
al optimismo. Los indicadores avanzados arrojan un crecimiento de dos décimas
en el primer trimestre sobre el anterior, lo que supondría que se ha producido
un freno en la débil e incipiente recuperación.
Fernando, espero que si se deben tomar medidas impopulares se tomen, que no influya la sucesión política ni las próximas elecciones. También espero que los partidos políticos contribuyan a no empeorar durante este periodo el clima político y económico.