Todos los medios de comunicación, y especialmente los diarios, siempre han tenido una escala de valores o un concepción de la vida y la sociedad que han marcado sus líneas editoriales. Es algo conocido y absolutamente lícito. Eso hace que quién lea determinado diario sabe de antemano cual es su tendencia y en esa clave deberá interpretar lo que lea o simplemente se limitará a elegir el medio que más de adapte a su visión del mundo. Es decir, leerá lo que quiera leer.
Desde que los grandes diarios, de ámbito nacional o regional, se han convertido en grupos mediáticos la fisonomía empresarial de estos han cambiado notablemente y sus líneas editoriales están más condicionadas por sus intereses económicos y empresariales y por la necesidad de apoyar a determinadas tendecias políticas que por unos criterios ideológicos. Creo que actualmente no existe ningún medio de comunicación que pueda presumir de objetividad, sin olvidar que el significado de la palabra objetividad es ciertamente subjetivo.
Sin embargo, sorprende que en algún medio se haya producido un cambio radical en sus tradicionales apoyos a determinadas opciones políticas sin que se hayan producido cambios en el accionariado de la empresa o en los cuadros directivos de la misma. Estamos, de nuevo, ante la defensa de intereses particulares -totalmente legítimos- pero con la apariencia de la objetividad infomativa, en muchas ocasiones la excusa esgrimada por los periodistas para justificar determinados comportamientos.
En este sentido es curioso observar el giro dado por el diario El País a su línea editorial en las últimas semanas. El País ha basado el prestigio de que goza, primero en la clara oposición al régimen anterior (no pudo salir a la calle hasta 1976) y, después, en una apuesta decidida por los valores democráticos. Sin embargo, los intereses económicos del grupo que le sustenta hicieron girar su línea editorial hacia los gobiernos del Partido Socialista. Curiosamente un gran grupo empresarial apostaba por gobiernos de izquierda. Este apoyo se compensó con la concesión de un canal de televisión de pago en exclusiva.
La idiosincrasia del público español o la gestión empresarial, o todo un poco, hizo que Canal + no alcanzara el éxito empresarial que logró en Francia y empezó a hipotecar las cuentas del Grupo Prisa. La reconversión del canal de televisión codificato en un canal abierto (y, por tanto, abierto a la captación de publicidad) no ha logrado mejorar los resultados. Desde hace algún tiempo Sogecable busca comprador y el Grupo Prisa atraviesa importantes problemas económicos (problemas que también arrastran otros grupos que no han podido rentabilizar todavía las enormes inversiones obligadas por el cambio tecnológico).
La reciente aprobación de la TDT de pago parece haber sido el detonante de un llamativo cambio en la línea editorial del diario El País. Esta decisión del Gobierno beneficia a otro grupo mediático y abre la competencia. Desde hace unas semanas en las páginas de este diarios se han podido leer reportajes y editoriales muy críticos con la política económica y fiscal del Gobierno. Críticas que, por otra parte y al margen de la optica politica con la que se juzgen, parecen muy atinazadas y ajustadas a una realidad evidente. No sorprende el diágnóstico, avalado por todos los organismos internacionales y por todos los indicadores económicos, sino el cambio que se ha producido en un medio que ha pasado del apoyo claro a la crítica sin paliativos.
Como decía al principio, los medios de comunicación siempre han tenido detrás intereses políticos, religiosos o económicos. Los siguen teniendo. Pero, lo que se debe exigir a un medio de comunicación -si no objetividad, que cada uno la entiende de manera distinta- es coherencia con su línea editorial, aunque sea en defensa de sus legítimos intereses empresariales.
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