- 31 de Agosto de 2010
Una rápida lectura del título, sin más, podría llevar al lector a un terrible equívoco. Cuando digo verano sin complejos no me estoy refiriendo a que, por fin, se hayan visto las banderas de España por todos los rincones, o a que se hayan perdido los temores para ir a una playa nudista o, por qué no citarlo, tampoco me estoy refiriendo a ese estupendo instante en el que, en un alarde de gallardía arrebatadora, se nos conquistó el corazón en un solo beso con el que retrocedimos por un instante a la belleza del cine en blanco y negro.
No me estoy refiriendo a todo eso, aunque cada uno de estos temas bien podría llenar unas cuantas páginas. Me estoy refiriendo a un hecho algo insólito en la política del momento. Sin rodeos, de forma directa: “Señores, les vamos a subir los impuestos”. De momento y, que se sepa, los efluvios embriagadores de los incendios que asolan Moscú no han llegado a la Península. Sin embargo, bien pudiera parecer que algún político nacional hubiera aspirado aquellos humos, rindiéndose a sus efectos, tal y como si le hubieran inoculado el suero de la verdad. No obstante, para no caer en la trampa, obsérvese que esta afirmación ha venido acompañada con el conocido aderezo comparativo a nivel europeo, la desgastada manipulación interesada de las cifras y los manidos paralelismos “de renglones torcidos”.
El problema es, por si algunos no se han dado cuenta, que ya no tenemos más agujeros en el cinturón para seguir acortando nuestra cintura “de avispa”. Que más que cinturón parece ya un corsé, y que muchos andan con dificultades para respirar de tantas apreturas. Un análisis serio del esfuerzo fiscal que se exige al contribuyente debería hacerse sumando cada uno de los pagos que lleva a cabo el ciudadano para el sostenimiento del bien público, desde el impuesto municipal, pasando por los de cada Comunidad Autónoma, hasta los que se ingresan en las arcas del Estado. No se trata de ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino de verlo en su conjunto, en todas sus perspectivas.
Así, teniendo en cuenta el contexto en el que ha sido dicha la citada afirmación, sólo se me ocurre que la sinceridad en política debe de ser como un sueño en una corta noche de verano y que cuando se nos trasladan estos mensajes estivales sin tapujos, más que por honestidad, será por una pérdida total de complejos.
Comentarios

Me ha gustado tu post Juan. Lo que yo pediría a nuestros políticos, si es posible y sin ánimo de molestar, es que supriman los constantes giros en sus decisiones. Se administra mejor lo malo que la incertidumbre.
Hoy la noticia en medios es que se ha disminuido el déficit publico de forma notable. Pero este esfuerzo que hemos hecho todos no tiene sentido si la Administracion no muestra su talante austero. Es fundamental reducir las corporaciones locales de toda índole, ahí esta parte de nuestra sangría
Hola, Juan, opino, como Mario: me me ha gustado mucho tu post. Buena retórica. Si os digo la verdad, tengo la sensación de que este "gobierno de buenas palabras, declaraciones e intenciones", se ha portado como aquél adolescente "naif" que se quería comer el mundo y se consideraba autosuficiente (dado que la juventud tiene eso autosuficiencia y, muchas veces ignorancia y prepotencia) y, que de pronto, maduró (o le hiciero madurar) y se ha convertido en el padre autoritario, que manda hacer las cosas porque sí y cuando se le acaban los argumentos, echa mano de tus amigos no "naif" (Europa, EE.UU) para reafirmar sus deseos, intenciones y empanadas mentales. Pero, en fin, que este post trataba del verano, ¿no ?:-).
Gracias por vuestros comentarios. Yo también opino que es mejor evitar los “pendulazos”, esto es, tomar decisiones hoy que mañana se transformarán en otras de signo totalmente contrario. Creo que hay muchos ejemplos que han demostrado la imposibilidad de progresar de forma armoniosa sin una base de constancia y coherencia… De todas formas, el trabajo que se hace con honestidad y honradez debería dar como consecuencia una línea coherente de actuación ¿no?
Pues mira, Juan, a lo mejor los políticos deberían aprender un poco del fútbol, y concretamente de La Selección Española. ¿Crees que ellos han logrado alguna vez, lo que logró la roja con su final en muchísimos sentidos para España? De ahí su candidatura al Príncipe de Asturias, que ha hecho por España algo inimaginable. Bien por "La Roja".