Los temas de medio ambiente han
tomado un peso cada vez más relevante en los medios de comunicación. Hay que
reconocer que vemos acercarse, después de la crisis financiera y la crisis económica
derivada de ésta, una crisis energética estrechamente ligada a los desastres
ecológicos que brotan por todo el planeta. Basta mencionar el drama de
Fukushima y las reacciones de los gobiernos, lobbies nucleares, opinión pública u organizaciones dedicadas al
cuidado del medio ambiente (citando sólo estos pocos) para darse cuenta del
fenómeno de sensibilización de la sociedad, a nivel mundial, respecto al medio
ambiente. Marketing Verde vs. Green-Washing Frente a eso, algunas empresas
han empezado a reforzar su responsabilidad social y, más especialmente, el
aspecto relacionado con el medio ambiente. Asistimos entonces a la propagación
del fenómeno del marketing verde o ecomarketing. Esta tendencia, que busca
acercar las organizaciones a un nicho de mercado sensible a las cuestiones de
ecología, desarrolló productos que cuidan del medio ambiente y una infinidad de
acciones reales, comprobadas y legítimas que dan un valor añadido a su negocio
a través de la concienciación ecológica. El ecomarketing puede aportar
herramientas para reorientar el comportamiento de las empresas con su entorno y
redirigir el proceso de compra hacia un modelo sostenible. Sin embargo, muchas empresas han
decidido subirse al carro del marketing verde sin integrarlo en una política
real, transversal y sincera de Responsabilidad Social Corporativa. En efecto,
dichas compañías practican un mero green-washing
que consiste en realizar una operación “cosmética” sólo para embellecer su
imagen. En estos casos, rascando un poco el barniz, los stakeholders o grupos de interés (empleados, clientes, proveedores,
inversores, partners, etc.) nos damos rápidamente cuenta que esta forma de
proceder no es ni sincera, ni mucho menos legítima. El problema es que
empezamos a dudar de todas las empresas y sus pretensiones ecológicas, pensando
que están tratando de colarnos sus productos y servicios pintados de verde,
pero que en realidad no corresponden con nuestra voluntad de consumo
responsable. Resultado: desconfiamos de la buena fe de cualquier compañía. No obstante, quiero pensar que existen
empresas que buscan satisfacer los stakeholders
que creen y defienden sinceramente estos principios ecológicos. Fomentar una
actitud ecolócogicamente respetuosa en una compañía de forma transversal no
tiene nada de complicado, es una cuestión de responsabilidad social que
constiste en disminuir el impacto negativo que las actividades de la empresa
tienen sobre el medio ambiente y aumentar el bienestar social. Existen infinidad
de acciones sencillas que se pueden integrar en las empresas (y en nuestras
vidas), para fomentar el desarrollo sostenible y el cuidado del medio ambiente,
como el reciclaje, consumo de productos locales, reforestación, ahorro
energético y de otros recursos naturales (como el papel o el agua), uso de
transportes ecológicos, reducción de la huella de carbono, etc. Muchas empresas practican
conductas ecológicamente responsables y lo comunican. Sin embargo, tienen que
poner mucho empeño en paliar la desconfianza generada por las compañías trapicheras
mencionadas anteriormente. Una de las soluciones desarrolladas consiste en
asociase a prescriptores como ONG o asociaciones (por ejemplo: Armani
con Green Cross, Carrefour
con el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, Esker
Ibérica con Acciónatura, etc.) que avalan sus acciones de responsabilidad
social y les aporta, cara al público, credibilidad respecto a sus campañas de
comunicación. Sin embargo, los acuerdos elaborados y los proyectos llevados a
cabo necesitan recursos económicos que, a menudo, una PyME no puede asumir. Los Social Media al rescate Los Medios Sociales y otros
canales de la web 2.0, pueden ser una alternativa excelente a la hora de transmitir
un mensaje sincero, real y transversal de ecomarketing. El consejo de Pere Joan
Mitjans Casanellas desarrollado en el “Manual de eLider” (Algón Editores, 2011),
refiriéndose a la manera que los políticos tienen de comunicarse en estos
medios, se aplica también perfectamente a estos casos: “No hable de
participación si no hace consultas, ni encuestas. No hable de transparencia si
no publica sus datos […] Hable de lo que hace y lo que se propone hacer, de su
trabajo…”. La estrategia de comunicación consiste en generar prescriptores de
confianza a través de todos los stakeholders,
con el objetivo de fortalecer la reputación corporativa y apoyar las políticas
de de Responsabilidad Social de las Empresas. Los mensajes transmitidos en la
red 2.0 se benefician de mayor credibilidad y calan en los públicos objetivos
sin sensación de intrusión. Estos elementos ayudan a su difusión a través de
recomendaciones hacia los seguidores, fans, contactos y amigos. Tod@s consumidor@s, elector@s, dueñ@s de nuestra vida y de nuestro
planeta Como consumidores comprometidos
necesitamos información real y contrastada para poder consumir de forma
sostenible, por esa razón, para cualquier empresa responsable, la comunicación
2.0 con sus stakeholders tiende a
convertirse en un elemento imprescindible. Sin embargo, son estos stakholders los que tienen la
responsabilidad definitiva de exigir, presionar y obtener de las compañías (e
incluso de los gobiernos) alternativas afines a sus deseos de alcanzar un
modelo de desarrollo sostenible. Somos nosotros los que, por nuestra forma de
consumir, de trabajar y de comunicar, llevamos toda la responsabilidad
individual y colectiva de cómo es el mundo en el que vivimos. L. Olivier Scalvinoni @LOScalvinoni Responsable de Comunicación,
Prensa y Social Media en IOMarketing
Louis, es bien cierto lo que comentas. Las Pymes podrían practicar la comunnicación de la RSC a través de los medios sociales y canales 2.0. Ahora bien, creo que todavía las empresas no se sienten seguras a la hora de comunicar su RSC (es algo que les resulta difícil) y, por otro lado, el 2.0 es un canal poco maduro, del que todos estamos aprendiendo...